lunes, 25 de febrero de 2013

Cuáles fueron las fotos que enfurecieron a Eduardo Aliverti


El locutor increpó a una fotógrafa de Diario PERFIL por la guardia que mantenía en la puerta de su casa. Las explicaciones y el pedido de ética.


El periodista rompió el silencio tras el trágico accidente protagonizado por su hijo, Pablo García. “Es el peor momento de mi vida”, confesó.
Eduardo Aliverti, el reconocido periodista y padre del joven que hace una semana atropelló y mató a Reinaldo Rodas (53) en la Panamericana, habló sobre el dolor que lo invade. Lo hizo en Marca de Radio, el programa que conduce por AM 910. En un mensaje grabado, dijo que atraviesa “el peor” momento de su vida, explicó que no podía referirse a la situación de su hijo, y le dedicó un párrafo especial a un incidente que tuvo esta semana con PERFIL.

Aliverti explicó que “no estaba seguro de afrontar” el programa “con la atención que se debe una audición de tres horas”. “Los que me quieren me ayudaron a pensar y fue unánime decidir que no”, aclaró sobre su ausencia. “Sencillamente no me da para andar hablando de macropolítica. Y si me diera, sería una falta de respeto hacia el dolor de las víctimas. Más tarde la vida seguirá. No sé cómo”.
Sobre el trágico accidente protagonizado por su hijo, Pablo García, repitió las palabras que utilizó el miércoles, cuando emitió un comunicado en la cuenta de Facebook de Marca de Radio: “Sólo puedo decir que mis sentimientos y el de mi familia acompañan principalmente a los familiares de la víctima, que se está a disposición de la Justicia en todo cuanto sea necesario para el esclarecimiento de esta desgracia igual de desgarradora que de irreparable y que nuestro objetivo es la estricta igualdad ante la justicia”.
De todos modos, hizo una aclaración sobre su situación personal: “De esas palabras que escribí el miércoles, a 48 horas de lo sucedido, sólo corrijo que no es uno de los momentos más dolorosos de mi vida. Es el peor. Tipeé lo que me salió después del shock, pero ahora asumo que cuando estuve a punto de morirme era yo conmigo. Esto es yo más la gente que debo contener y la gente que está fusilándome. Dejo esta última oración a sabiendas de que van a cargarme que me victimizo, cuando para empezar hay víctimas más tremendas. Pero me sale esto”.
Aliverti aprovechó su espacio radial para referirse a un incidente que tuvo el viernes pasado con una reportera gráfica de este diario. En su monólogo reconoció que “se sacó” cuando advirtió que se estaba haciendo una guardia periodística frente a su casa del barrio de Almagro. El objetivo de PERFIL era obtener el testimonio del único imputado en la causa, Pablo García. Y documentar ese momento. En los registros de datos esa dirección figuraba como el domicilio de Pablo.
Así lo contó el periodista: “PERFIL montó una guardia enfrente de mi casa, con fotógrafa, en un taxi estacionado de contramano sobre la esquina. Lo habíamos visto desde la noche del jueves. Ayer a la mañana (por el viernes) seguía ahí. No aguanté más. Salí de mi casa. Salió la fotógrafa del taxi. Le dije al conductor ‘disculpame’, no es con vos”. El conductor me dijo ‘Eduardo, no puedo hacer nada, soy un laburante’. Enfrenté a la piba, a la fotógrafa. Me saqué y le dije, dos o tres veces, ‘por qué me hacés esto, hija de puta’. La piba me dijo ‘es mi laburo, entendeme, trabajo en Perfil’. Yo seguía sacado. En medio de la furia, conseguí decirle ‘pero ponete un límite, ponete un límite, buscá un trabajo donde no tengas que hacer esto’. La piba me dijo ‘conseguime otro trabajo’”.
Aliverti la increpó junto a una mujer que lo acompañaba, quien además fotografió a los dos ocupantes del taxi. La reportera nunca se ocultó. Le dijo que trabajaba para esta Editorial y que estaba dispuesta a hablar con él. La única respuesta que recibió fueron insultos. Ella se fue llorando.
En otro tramo, cuestionó la cobertura mediática a la que calificó como “una carroña indescriptible”. Por último, cerró su alocución hablando de ética periodística. “Me muero por decir más. No puedo decir más. No debo decir más. Sobre lo que pasó, quiero decir. Y sobre los que ejercieron la crucifixión hasta que surgió otro tema. Ojalá esto sirviera para que de una vez por todas se abra un debate serio acerca de la ética periodística, más allá de la suerte judicial que sufra mi hijo, de la anímica que tenga que aguantar yo y, sobre todo, del dolor irreparable de la familia del muerto. Podría servir, sí, para la pavada de que se discuta sobre el ejercicio profesional. Todos somos o podemos ser víctimas de la gente que hace periodismo de esta manera”.

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